El Hijo Puta

7 08 2007

Estaba sentado el otro día delante de mi computadora cuando me acordé que tenía que llamar a un compañero…

Descolgué el auricular y marqué el número de memoria.

Me contestó un tipo con muy mal humor diciendo:

– “¿Qué quiere?”.

– “Soy Ignacio Pérez, ¿podría hablar con Roberto Espárrago?”dije amablemente.

– “Te equivocaste, pelotudo”, me respondió y acto seguido colgó.

No daba crédito a lo que me estaba ocurriendo. Agarre mi agenda para buscar el número de mi compañero y comprobé que, efectivamente me había equivocado. Pero como aún recordaba el número “erróneo” que había marcado anteriormente, decidí volver a llamar a aquel tipo y cuando me atendió el teléfono no esperé a que contestara y le dije:

– “Sos un hijo puta”, y colgué rápidamente.

Inmediatamente anote el número en mi agenda junto a la palabra “hijoputa”.

Cada dos o tres semanas, cada vez que estaba enojado (porque me llegaba una boleta, o un aviso de cobranza, o discutía con mi mujer, o alguna situación por el estilo) volvía a llamarlo y sin dejarle contestar le decía:

– “Sos un hijo puta”.

Esto me servía de algún modo como terapia y me hacía sentirme mucho más relajado. Unos meses después, la maldita empresa de teléfono introdujo el servicio de identificación de llamadas, lo cual me deprimió un poco porque tuve que dejar de llamar al “hijo puta”.

Pero de repente, un día se me ocurrió una idea: marqué su número de teléfono y cuando escuché su voz le dije:

– “Hola, le llamo del departamento de ventas de Antel para ver si conoce nuestro servicio de identificación de llamadas”.

– “No” me dijo el tipo grosero, y me colgó el teléfono.

Rápidamente lo volví a llamar y le dije:

– “Sos un hijo puta”.

Un mes después, estaba esperando en mi auto a que una anciana saliera del estacionamiento del supermercado. Esta lo hacía muy lentamente y cuando terminó la maniobra y me disponía yo a ocupar el estacionamiento libre, apareció un Golf GTI negro a toda velocidad y se metió en el hueco que iba yo a ocupar. Comencé a tocar la bocina y a gritar:

– “¡Eh, escuche!, ¡estaba yo esperando!, ¡no puede hacer eso!”.

El tipo del Golf se bajo, cerró el auto y se fue hacia el supermercado ignorándome como si no me hubiera oído. Yo me quedé completamente frustrado y pensé:

“Este tipo es un hijo puta. El mundo está lleno de ellos”.

Justo en ese momento vi un letrero de “SE VENDE” en el vidrio de atrás del Golf. Lógicamente anoté el número y me fui a buscar otro lugar de estacionamiento.

A los dos o tres días, vi en mi agenda el número del “hijoputa” y me acordé que había anotado el número del tipo del Golf. Inmediatamente le llamé y le dije:

– “Buenos días. ¿Es usted el dueño del Golf GTI negro que se vende?”

– “Sí, yo mismo”

– “¿Podría decirme donde puedo ver el auto?”

– “Sí, por supuesto. Yo vivo en la calle de 25 de Mayo 654 esquina con Montes, es un edificio amarillo y el auto esta estacionado justo enfrente de la casa”

– “¿Cómo se llama usted?”

– “Juan González”

– “¿Que hora sería la mejor para encontrarme con usted y discutir los detalles de la venta, Juan?”

– “Bueno yo suelo estar en casa en la noche”.

– “¿Puedo decirle algo, Juan?”

– “Si, claro”

– “Juan, eres un hijo puta”, y colgué el teléfono.

Inmediatamente después de cortar anoté el número en mi agenda al lado del otro, pero en este puse el nombre de “hijoputa II”.

Ahora tenía dos “hijo putas” para llamar y así estuve durante dos o tres meses, llamando ahora a uno, ahora a otro; hasta que comenzaba a aburrirme un poco.

Me puse a pensar en serio sobre como resolver este problema y al cabo de un par de whiskies se me ocurrió algo. Primero llamé al “hijoputa I”:

– “Escuche”

– “Hola hijo puta” – pero esta vez no colgué.

– “¿Estas ahí todavía, verdad, pelotudo?”

– “Si, hijo puta”

– “Deja de llamarme o …”

– “Noooooo”.

– “Si supiera quien sos te rompería la cara”, me dijo.

– “Me llamo Juan González y si tienes huevos veni a buscarme. Vivo en la calle 25 de Mayo 654 esquina con Montes, es un edificio amarillo, justo en la puerta donde hay estacionado un Golf GTI negro, sos un hijo puta”

– “¡¡¡Ahora mismo voy para allá!!! Tu sí que sos un hijo puta y ya podes ir rezando todo lo que sepas. Te voy a romper la cara”

– “¿Si?. ¡Que miedo me das, hijo puta!” y colgué el teléfono.

Inmediatamente llame al hijo puta II:

– “Hola”

– “Hola hijo puta” y no colgué.

– “Cuando te agarre algún día…”

– “¿Que me vas a hacer, hijo puta?”

– “Te voy a patear los huevos, pedazo de mierda”

– “¿Sí?, dale a ver si es verdad, hijo puta. Ahora mismo voy para tu casa” y colgué.

Por ultimo, agarre el teléfono y llame a la policía. Les dije que estaba en la calle 25 de Mayo 654 esquina con Montes y que iba a matar a mi novio homosexual en cuanto llegara a casa. Luego hice otra llamada rápida a “Telenoche” y les dije que iba a haber una pelea de pandillas en la calle 25 de Mayo 654 esquina con Montes.

Y entonces agarre mi auto y me fui para allá volado.

Te juro que es una experiencia que nunca olvidaré. La mayor pelea que he visto en mi vida. Hasta las cámaras de “Telenoche” se llevaron lo suyo.

En fin, después de esto espero que cuando te llame por teléfono me contestes en tono amable.

“Ya sabes, no es bueno que yo me irrite.”

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